🔪 EDUARDO CASANOVA: EL NUEVO VAMPIRE

Crítica visual a Eduardo Casanova como el nuevo vampire del cine español.

Vampiras con VIH. Lenguaje inclusivo. Estética quinqui. Y una narrativa que se descompone en cuanto le quitas el filtro rosa. No es una propuesta audiovisual: es un resumen de hashtags. Una lista de trending topics con textura de celuloide barato. El CGI ya no es digital: es ideológico. Todo suena falso, impostado, como si en vez de dirigir, Casanova hubiera abierto Tumblr y dijera: «quiero esto, pero con subvención».

Casanova finge ser el enfant terrible de un sistema que ya ni necesita provocaciones recicladas. Opera desde la comodidad de un circuito que lo aplaude sin pensar. El truco no está en lo que enseña, sino en su habilidad para revender el mismo discurso con nuevo envoltorio de látex. Y la crítica cultural, obediente como siempre, lo celebra como “valiente”. No lo es. Resulta predecible, rutinario, una parodia de sí mismo con iluminación de gala.

La serie aún no ha sido comprada por ninguna plataforma. Ni Netflix. Movistar nada . Ni Filmin en una noche de delirio. No hay distribución. No hay interés real. ¿Y el dinero? Nadie confirma que Silencio esté subvencionada, pero no sería raro que lo estuviera. Lo que sí sabemos es que, viendo el resultado, merecería una subvención… para que no hiciera nada más. Pagarle por callar. Pagarle por no dirigir. Como se paga por no cultivar.

Utilizar el sida como recurso estético no es denuncia: es oportunismo. Casanova convierte una tragedia histórica en fondo de pantalla. Ni contexto, ni respeto, ni complejidad. Todo es escenografía con colmillos. El verdadero vampiro no es el personaje. Es el discurso. Chupa del drama real para vestirse de transgresión. Pero todos hemos visto ese disfraz antes. Y ni asusta, ni emociona. Solo aburre.

El lenguaje inclusivo aquí no construye: disfraza. Se convierte en la cortina de humo perfecta para evitar tener que escribir diálogos con sustancia. El «todes» como truco de feria cultural. En un país donde lo queer ya no es marginal ni tabú, Casanova actúa como si aún estuviera en los noventa. Nadie le ha dicho que el enemigo ya no es el heteropatriarcado: es la falta de ideas.

Silencio no emociona. No remueve. No comunica. Es ruido encapsulado en un diseño de producción estridente. Una performance política de segunda mano que finge ser arte por acumulación de etiquetas. Si lo queer es esto, prefiero ser un gnomo heterosexual con déficit de atención.

Esta película no la hemos visto. Pero no hace falta. Basta con tragarse el tráiler, leer la sinopsis y escuchar las críticas contrastadas —algunas con más hígado que guion— para saber exactamente lo que propone.

Es imperdonable ver a ciertos actores prostituyéndose absolutamente, arrastrando su prestigio entre litros de gel y frases vacías. Otros, pobrecicos, si no hacen esto no hacen nada. El cine español ya no es un niño raro. Es el niño de Aída que creció y se volvió rare. Y no en el buen sentido.

Un discurso trillado, endogámico, que a una le dan ganas de hacerse heterosexual solo por joder. Porque eso es lo que hacen: joder el lenguaje, el relato y las ganas de mirar.


🖤 Rocío Aso Iguarán

Firma de Rocío Aso Iguarán

El verdadero silencio es no decir que esto es una tomadura de pelo.

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