Vamos al grano. En España la política no organiza el país: organiza el odio. Lo reparte, lo dosifica y lo mantiene caliente. No para resolver nada, sino para que nada se resuelva nunca. Porque aquí el conflicto no es un problema: es el motor.
Y no, no es una exageración ni una pose editorial. Es una continuidad histórica bastante mal disimulada. En 2026 no estamos peor ni mejor. Estamos igual, pero con mejores altavoces y menos paciencia.
🧱 La Guerra Civil: la herida rentable
Empecemos por lo que nunca se cerró. La Guerra Civil española (1936–1939) no terminó con una reconciliación real, sino con una victoria, una dictadura larga y un silencio pactado a posteriori. No hubo duelo colectivo. Hubo congelación emocional.
Décadas después, esa herida sigue operativa. No como memoria histórica seria, sino como recurso político reciclable. Se saca cuando conviene, se guarda cuando estorba. No para entender el pasado, sino para fabricar enemigos presentes.
Aquí no se debate la historia: se usa. Y cuando la historia se convierte en munición, el país deja de avanzar y empieza a girar en círculos.
Frase Diagnóstico:
una guerra mal cerrada es un negocio que no caduca.
🩸 ETA: pedagogía del miedo
Luego vino ETA. Más de cuarenta años de terrorismo. Más de 850 asesinatos. El tiro en la nuca como método y como mensaje. No solo se mataba a personas: se educaba a una sociedad entera en el miedo.
Cuando el terrorismo terminó, no llegó el cierre. Llegó la instrumentalización. Las víctimas pasaron a ser bandera. El pasado, arma arrojadiza. Y el dolor, capital simbólico.
Aquí nadie quiso cerrar nada. Porque cerrar implica perder ventaja. Así que el terror no desapareció: se archivó para futuras campañas.
Frase Corrosiva:
en España el miedo no se supera, se hereda.
🧷 Violaciones, niñas, morbo y audiencia
Después, el horror cambió de forma. Violaciones múltiples. Agresiones sexuales a menores. Casos brutales, reales, insoportables. Y una respuesta institucional y mediática que da vergüenza ajena.
Informar no es el problema. El problema es convertir el daño en espectáculo. Exponer a las víctimas, debatir sus cuerpos, usar su dolor como combustible para tertulias y clicks.
Aquí no se protege primero. Aquí se retransmite primero. Luego, si sobra tiempo, ya veremos.
Frase Brutal:
el sistema no cuida a las víctimas; las rentabiliza.
🧬 Violencia de género: ruido sin soluciones
Mientras tanto, las cifras siguen. Décadas de mujeres asesinadas. Años de estadísticas. Y, sin embargo, el debate sigue bloqueado.
De un lado, la negación. Del otro, la explotación política. En medio, las víctimas. Nadie pierde tiempo en reducir el problema porque discutir el marco da más rendimiento.
Aquí la violencia no se combate: se discute hasta el agotamiento.
Frase Espejo:
cuando el dolor se convierte en consigna, deja de importar.
🧱 2026: odio optimizado
Y llegamos al presente. Redes sociales amplificando rabia. Medios fabricando trincheras. Política reducida a identidad emocional. Todo medido, segmentado y monetizado.
No eliges ideas. Eliges bandos prefabricados. Y crees que decides porque te dejan gritar.
El odio no soluciona nada, pero mantiene a todo el mundo ocupado.
Frase Diagnóstico:
aquí no se gobierna para avanzar, se gobierna para dividir con método.
🕳️ Conclusión: España no discute el futuro, explota el pasado
En este país no faltan datos ni debates. Falta voluntad de cerrar heridas porque cerrarlas no da votos.
Por eso en 2026 seguimos igual: cansados, polarizados y convencidos de que elegir entre dos relatos es libertad.
No lo es.
Frase Final:
en España no se vota para cambiar nada; se vota para seguir odiando con excusa.
PD:
Mientras tanto, en mi bar favorito me he comido una croqueta de bacalao. Entonces, el dueño me pregunta qué tal estaba y, además, me aclara, orgulloso, que es fresca del Mercadona. ¿Lo mandamos a la mierda? No. Al final, he aguantado como una valiente, mordiéndome la lengua. La cartera, en cambio, no.
Poco después, mi amiga la peluquera —sí, la de mis mechas de fuego o de España, según lo que odies más— me pregunta qué tal la croqueta. Según ella, del centro del Cantábrico. Vamos, no te digo más.
En ese momento, el camarero se da cuenta. Entonces, sonríe. Acto seguido, me cobra de más. Por supuesto, hoy no dejo propina.
De fondo, suena Mentiroso de Enrique Iglesias. Uggg. Y aun así, ese underdog me pone loca.
Así que, me voy sin avisar.
Y ya está: que os den.
🖤 Rocío Aso Iguarán
El problema de España no es el odio. Es que ya no duele.


