⚡🧪 2026: MÁS DE LO MISMO PERO CON MÁS IMBÉCILES


El ciclo creativo ha sido sustituido por el ciclo del “como eso, pero…”. No hay ideas, hay plantillas.

El pitch estándar de 2026 cabe en una frase: “Es como [éxito de 2023], pero con [demografía de moda / trauma rentable / plataforma de turno].” El ejemplo se escribe solo: “Es como The Last of Us, pero con abuelas en el metaverso y narrativa vertical para shorts”.

Luego llega la obra real y es siempre lo mismo: diálogos escritos en piloto automático, personajes con la profundidad emocional de un sticker animado y un subtexto social tan impostado que parece redactado por el departamento jurídico. La “innovación” suele reducirse a cambiar el envoltorio: zombis por mutantes climáticos, instituto por coworking, suburbio por ciudad inteligente.

Lo más triste no es que el contenido sea derivativo, sino que ya ni se toma la molestia de disimularlo. El catálogo entero funciona como una fotocopiadora cansada: imprime la misma página una y otra vez, con tintas ligeramente distintas, para que por un segundo pienses que estás viendo algo nuevo.

Mientras tanto, la audiencia ha dejado de comparar con las obras originales. Compara con los memes que dejaron. No preguntan “¿de qué va?”, sino “¿esto va a generar buenos clips?”. El valor de una serie se mide por su capacidad para producir audio reutilizable en TikTok.

🔥 Frase Lapidaria:


El influencer todoterreno ha muerto. El que opinaba de política, recetas y metafísica en el mismo directo ahora parece entrañable. En su lugar reina una figura mucho más eficiente: el Imbécil Especializado™.

Son microprofetas con nichos tan específicos que dan risa hasta que recuerdas que viven de ello. El coach de respiración para gamers, que te enseña a apretar el gatillo entre inhalaciones conscientes. La gurú del mindfulness para el scroll agresivo, que te propone meditaciones de quince segundos entre reel y reel. El consultor de productividad para gente que nunca va a hacer nada, cuyo único logro real es grabar cada día un vídeo sobre cómo organizar tareas que nadie completará.

Su talento no es el contenido, es la envoltura. Cogen lo obvio, lo rebautizan en inglés, lo empaquetan en PDF y lo convierten en suscripción. El sentido común se llama ahora framework. La pereza se llama autocuidado. La falta de criterio se llama mente abierta.

Al otro lado, miles de personas pagan 9,99 € mensuales por algo muy concreto: que alguien con voz calmada les diga que no hace falta cambiar nada, que el problema es “la energía”, “el mindset”, “el sistema nervioso saturado” y que la solución, casualmente, estará en el próximo curso.

🩸 Frase Corrosiva:


La audiencia pasiva era casi un lujo. Miraba, bostezaba y cambiaba de canal. La audiencia 2026, en cambio, es un ejército amable dispuesto a matar por su algoritmo de confianza.

Ya no basta con ver algo: hay que militar. Si tu serie favorita es un desastre, activarás una campaña en X para “reivindicarla”. Acusarás a la crítica de elitista, subirás capturas con frases fuera de contexto, abrirás hilos explicando que “no es para todo el mundo” y que eso precisamente la hace especial.

La lealtad ya no se construye sobre la calidad de lo que ves, sino sobre tu tolerancia al ridículo defendiendo lo indefendible. Cuanto más flojo el producto, más agresiva la defensa. Admitir que algo es malo no es perder una discusión: es traicionar a tu comunidad.

Los argumentos serán siempre los mismos: “no lo entiendes”, “tienes que ver los cincuenta episodios anteriores”, “es que el humor es muy sutil”, “no es para ti”. Si una obra necesita tanta escolta para no derrumbarse, quizá la obra era un cadáver desde el piloto.

En paralelo, la crítica se convierte en ruido blanco. Cualquier análisis mínimamente honesto se ahoga bajo un mar de cuentas dispuestas a confundir gusto con identidad. Ya no se debate sobre historias, sino sobre bandos. No importa si la serie es buena. Importa que “es la mía”.


2026 no va a bajar el volumen. No va a aparecer una ola de genialidad espontánea. No se va a poner de moda la inteligencia. Lo que sí puedes hacer —tú, en singular— es negarte a ser un dato más en la gráfica de engagement.

La revolución, si es que existe, será microscópica. Para empezar, decidir que no hace falta tener opinión sobre todo. Después, permitirte dejar pasar “el evento del año” sin verlo. Más aún: entender que no necesitas convertir cada emoción en contenido. Porque, al final, el aburrimiento no es un bug del sistema; es, sencillamente, un sistema operativo alternativo.

Se puede empezar por gestos ridículos: no renovar una plataforma, no comentar la serie de moda, no tragarte ese directo de dos horas que sabes que no te va a dejar nada, más allá de la sensación de haber acompañado a alguien a llenar su propio vacío.

Mira cariño, llevamos años llamando “evolución” a cualquier cosa que suene nueva en la nota de prensa. Quizá 2026 no vaya de eso. Quizá vaya, precisamente, de mirar el panorama, reconocer el truco y decir con calma: no juego.

💥 Frase Remache:


🖤 Rocío Aso Iguarán

Firma de Rocío Aso Iguarán

2026 no va de cambiar el mundo: va de dejar de aplaudir la mierda con entusiasmo.

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