🇪🇸 LOS ESPAÑOLES NO VOTAN. SE DESTRUYEN.

COLLAGE REALISTA DEL PROBLEMA

El camarero culpa al funcionario. El funcionario al autónomo. El jubilado dice que los jóvenes no quieren trabajar y el joven responde que los jubilados se quedaron con la casa, el empleo estable y hasta la sombra del árbol. El español culpa al inmigrante; el inmigrante descubre que España tampoco era exactamente el folleto. El moderno mira al viejo como si fuera un fósil y el viejo al moderno como si necesitara dos cojones y un despertador.

Todos hablan.

Casi nadie escucha.

Luego aparece la política y ordena el ruido. Izquierda. Derecha. Progresista. Facha. Comunista. Patriota. Traidor.

Perfecto.

Ya tenemos camisetas.

El problema no es que existan diferencias. Una democracia sin conflicto sería un tanatorio con papeletas. El problema empieza cuando el voto deja de ser una decisión y se convierte en una identidad que hay que defender aunque la realidad empiece a estorbar.

Entonces ya no votamos.

Nos afiliamos emocionalmente.

Y cualquier crítica al nuestro parece una agresión personal.

Frase de Barra:

España habla el mismo idioma y lleva años sin entenderse.

La educación ofrece una imagen bastante menos triunfal de lo que nos gusta contar: los últimos resultados comparables sitúan al alumnado español por debajo de la media de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. No hace falta proclamar que tenemos “la peor educación de Europa”. La realidad ya es suficientemente incómoda sin inflarla.

Mientras tanto, en sanidad, unos cuatro millones de personas estaban esperando una primera consulta especializada al cierre de 2025. El tiempo medio rondaba los cien días.

Y aun así conseguimos discutir sobre estos problemas como si cada lista de espera llevara el logotipo de un partido pegado en la puerta.

Mira, cariño. Sánchez no entra en tu grupo de WhatsApp a insultar a tu cuñado. Abascal tampoco baja al bar a llamar traidor al que vota distinto. Ellos ponen discurso, estrategia, gasolina. Nosotros seguimos llevando las cerillas.

Después nos sorprendemos del incendio.

Hostia, qué misterio.

Frase de Babel:

Este año España ha sufrido dos accidentes ferroviarios devastadores. Adamuz dejó 46 muertos. Urda, al menos 69. En este último caso, la investigación ha documentado un fallo del sistema de seguridad LZB y una autorización posterior para reanudar la marcha en circunstancias que todavía se están esclareciendo.

No hace falta escribir “negligencia” antes de que termine la investigación.

Basta con mirar la secuencia.

Tecnología que falla. Protocolos. Decisiones humanas. Sistemas diseñados para evitar precisamente aquello que terminó ocurriendo.

Y mientras todavía se recogen piezas, ya aparece nuestro deporte nacional: decidir a quién pertenecen los cadáveres.

Unos buscan al Gobierno.

Otros la privatización.

Algunos el error humano.

Otros una conspiración.

Incluso circularon imágenes falsas creadas con inteligencia artificial presentadas como fotografías del accidente de Urda. Ni la tragedia consigue quedarse cinco minutos sin merchandising ideológico.

La mierda no necesita investigación cuando ya tienes una camiseta preparada.

Frase de Andén:

Barcelona lo enseñó con una precisión desagradable. Una convocatoria difundida por redes terminó el 24 de octubre con disturbios, comercios saqueados y 130 detenidos; 76 eran menores. La investigación policial trató después de determinar quién había alentado aquello y hasta dónde llegaba la organización previa. Una semana más tarde, otra convocatoria vinculada a Blocus apareció en Zaragoza. Esta vez no ocurrió nada: la policía vigiló las redes, desplegó efectivos y el llamamiento quedó prácticamente vacío.

Ese contraste vale más que veinte tertulias. TikTok puede convocar, amplificar y convertir la gamberrada en espectáculo, pero no rompe un escaparate por ti. Para eso hace falta alguien que salga de casa, alguien que decida hacerlo y otros que graben, compartan o celebren. Después llega la política y ofrece una explicación cómoda para cada bando, porque hablar de responsabilidad individual siempre da menos audiencia que señalar al enemigo correcto.

Incluso el fentanilo empieza a aparecer en investigaciones y testimonios españoles, aunque todavía no exista aquí una epidemia comparable a la estadounidense. Conviene señalarlo sin fabricar zombis donde aún no los hay. La calle ya tiene suficiente material como para no necesitar efectos especiales.

Frase de Pantalla: El algoritmo puede enseñarte la puerta. Cruzarla sigue siendo cosa tuya.

Dentro de unas semanas millones de españoles meterán una papeleta en una urna y demasiados sentirán que no están eligiendo una administración, sino derrotando a alguien. Ahí está la enfermedad. No en Sánchez, Abascal, Podemos, el inmigrante, el jubilado o TikTok por separado, sino en la facilidad con la que hemos convertido cualquier conversación en una frontera.

La política explota la grieta, claro, pero la grieta ya estaba allí: en el trabajo, en la cena familiar, en el portal, en el bar y en el comentario escrito debajo de una noticia que nadie ha terminado de leer. Preferimos una España culpable antes que una España compartida porque compartir obliga a aceptar algo bastante incómodo: que el vecino que vota distinto también forma parte del país que queremos arreglar.

Joder, quizá por eso nos cuesta tanto. Seguimos esperando que alguien venga a salvar España de los otros, mientras los otros esperan exactamente lo mismo.

Frase de Espejo:

☕ PD. LA COMUNIDAD DE VECINOS

🖤 Rocío Aso Iguarán

Firma de Rocío Aso Iguarán

“España no se une en las urnas. Se rompe en el bar.”

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