🕳️ HOY NO TE ATIENDEN: TE GESTIONAN


Tu rodilla lleva dos años esperando. Duele todos los días, pero no te mata. Y como no te mata, no eres prioritario. En términos de sistema, puedes esperar. En términos de Excel, tu sufrimiento ni siquiera ocupa una celda relevante.

El sistema sanitario no te ignora por crueldad. Te gestiona como un recurso escaso. Calcula tiempos medios, costes por cabeza, rendimiento por sala. El dolor no entra en la ecuación; la mortalidad, sí. Mientras no cruces esa línea, sigues siendo “aceptable”. Y mientras seas “aceptable”, puedes seguir esperando. La lista crece, tú te desgastas, pero la métrica permanece impecable. Y al final, lo único que se protege es la métrica.

Frase Diagnóstico:


Llamas a atención al cliente. Contesta un bot. El bot no entiende tu problema. El bot solo entiende las opciones del menú. Si tu problema no está en el menú, no existe. Existes tú, pero tu problema no. El bot te deriva a un formulario. El formulario genera un ticket. El ticket entra en una cola. La cola tiene 7 días de espera. El séptimo día recibes un correo: «Su caso ha sido resuelto». No se ha resuelto nada. Pero ya no tienes ticket. Ya no eres un problema. Ya no existes.

Amazon perfecciona la logística. Mercadona ajusta la rotación. Google exprime cada clic. Cada uno mejora su engranaje. En el fondo, todos trabajan sobre lo mismo: el movimiento constante. Y ahí entras tú. Te desplazan, te ordenan, te procesan. No eres cliente, ni paciente, ni usuario. Eres una variable dentro del sistema. Y las variables no se escuchan: se calibran.

Frase Corrosiva:


La bolsa sube, el paro baja y el PIB crece. Las plataformas celebran nuevos suscriptores. Al mismo tiempo aumentan las listas de espera, las colas y las quejas. Las métricas sonríen. Los informes brillan. Todo parece avanzar.

Mira, cariño: si todo funciona pero tú sigues esperando, quizá el problema no seas tú.

Netflix cancela. HBO cancela. Disney cancela. Amazon cancela. Todos cancelan. Todos renuevan lo que funciona. Y lo que funciona es lo que retiene. Lo que retiene es lo que engancha. Lo que engancha es lo que repite fórmula. Y lo que repite fórmula, aburre. Pero aburre después de la tercera temporada. Y para entonces ya has pagado tres meses de suscripción. El negocio no es el arte. El negocio es la retención. Y la retención no entiende de arte. Entiende de datos.

Dato real: Paramount acumuló pérdidas multimillonarias y fuertes deterioros de valor en los últimos ejercicios. Disney no se hundió, pero llegó a perder cientos de miles de suscriptores en un solo trimestre. Tienen marcas históricas. Tienen éxitos globales. Y aun así ajustan, recortan y reestructuran. El talento existe. El problema es el modelo. El modelo no busca obras; busca permanencia.

Si vende, vuelve. Si no, desaparece. Da igual que sea brillante. Da igual que sea necesaria. El algoritmo no siente nada. Y tú sigues pagando la suscripción porque es más fácil que cancelar.

Frase Espejo:


Te operan una cadera. La otra también protesta, pero el protocolo —ese oráculo infalible— decide que no existe. Según sus tablas, solo tienes derecho a un dolor a la vez. El protocolo no entiende de cuerpos simétricos; entiende de partidas presupuestarias. Domina las listas, domina las esperas, domina todo salvo a ti. Tú no entras en su ecuación. En su mundo perfecto, solo eres una línea más que puede aplazarse sin que salten alarmas. Y si puedes aplazarte, te aplazarán.

Sales del hospital con una cita para dentro de seis meses. Pasa medio año, la fecha se esfuma y llamas para preguntar. “Estamos reorganizando la agenda”, te dicen, como si fuera una operación quirúrgica de alta precisión. Reorganizar, en su idioma, significa que no hay hueco. Significa que tu caso no arde lo suficiente. Significa que puedes seguir aparcado sin que nadie pierda el sueño. Y si puedes esperar, te convertirán en experto en esperar. Porque en este sistema, la paciencia no es una virtud: es un requisito.

La prevención rara vez encuentra hueco en el presupuesto; la urgencia, en cambio, siempre tiene asiento reservado. Lo inmediato seduce: lo que duele ahora, lo que amenaza hoy, lo que permite una intervención vistosa. Todo lo demás se archiva con elegancia bajo “ya veremos”. Lo que no mata se agenda, lo agendado se vuelve crónico y lo crónico se convierte en un gasto incómodo. Entonces cambia de categoría: pasa a la lista de quienes deben empeorar para ser dignos de atención. La lista de quienes esperan a volverse urgentes. La lista de quienes solo importarán cuando su deterioro salga rentable.

Dato real: España destina alrededor del 7,2% del PIB a sanidad. De esa cantidad, apenas una pequeña fracción —en torno al 1,5%— se orienta a prevención. La mayor parte se dedica a tratar lo que ya duele, a intervenir cuando ya sangra, a mantenerte funcional aunque no estés sano.

Frase Tajo:


La bolsa marca récords. El paro desciende. El PIB avanza. Las plataformas celebran nuevos suscriptores. Al mismo tiempo crecen las listas de espera, las colas y las quejas. Las métricas sonríen. El sistema responde. Todo funciona.

Las métricas son verdes. Los informes son positivos. Los balances cierran. Los bonus se cobran. Las reuniones se aplauden. Los PowerPoints se comparten. Todo funciona.

Tú no funcionas: tú sostienes el sistema. Tú esperas, pagas, protestas y aun así participas como si tuvieras elección. Alimentas métricas, justificas informes, financias bonus ajenos. Aplaudes sin manos, compartes sin leer, existes sin que nadie te mire. Eres el engranaje perfecto: imprescindible y, al mismo tiempo, perfectamente prescindible.

No hay conspiración: hay un modelo funcionando con la frialdad de un puto algoritmo. No te odia; te exprime con una calma casi administrativa. Te usa sin rabia, sin culpa, sin siquiera molestarse en fingir empatía. No quiere matarte, claro que no. Quiere que sigas dentro del circuito: pagando, esperando, participando como buen dato obediente. Quiere que continúes siendo variable, flujo, cifra con pulso. Que no abandones el engranaje. No descuadres la tabla. Que sigas aquí, coño.

Frase Brutal:


Quejarte no cambia nada. Firmar manifiestos tampoco altera el engranaje. Los hilos se pierden en el ruido. Las firmas se apilan sin consecuencia. Salir a la calle no detiene la maquinaria. Apagar el móvil no la desconecta. Dejar de pagar no la hiere. Y abandonar la espera no la inquieta.

El sistema no te escucha porque no lo necesita. Le basta con que sigas: en movimiento, en la cola, dentro de la estadística. Basta con que obedezcas instrucciones, pagues tasas y aceptes plazos como si fueran leyes naturales. Con que esperes con la docilidad de un trámite más. Con que existas lo justo para no descuadrar el Excel. Tu voz es irrelevante; tu permanencia, imprescindible.

Mientras tú continúes, el sistema seguirá funcionando. Y cuando funciona, nada se altera. Sin cambios reales, la espera se vuelve rutina. En esa rutina, te gestionan. Y al gestionarte, sigues existiendo… pero reducido. Reducido a número, a pulso, a variable, a flujo. Reducido, en el fondo, a espera.

Línea final:

🖤 Rocío Aso Iguarán

Firma de Rocío Aso Iguarán

No te gestionan porque fallen. Te gestionan porque funciona.

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